Toda elección conlleva pérdidas, reflexión.

Toda elección conlleva pérdidas

Toda elección conlleva pérdidas

Toda elección conlleva pérdidas

Cambiar de trabajo, tener un hijo, viajar más, probar unas dietas, cambiar de deporte, probar nuevos hábitos… Cualquier decisión, cualquier elección implica también dejar de tener algo o dejar de hacer algo. Y no siempre estamos dispuestos.

Si recapitulamos, nos podemos dar cuenta de que a veces no tomamos ciertas decisiones por no querer perder o asumir la pérdida consecuente a elegir un camino. Y esto resta libertad.

La reflexión de esta semana va sobre lo saludable que es asumir las pérdidas y realizar los duelos necesarios para tomar decisiones que hagan que nuestra vida tenga verdadero sentido. Que vivamos lo que queremos vivir de corazón.

Os dejo el enlace al episodio del podcast y el video y continuo con sus comentarios más abajo. Recordad que este podcast lo tenéis en Ivoox, Spotify, Google Podcast, Apple Podcast, Anchor y otras plataformas.

Me gusta reflexionar sobre obviedades, sobre cosas que seguramente todo el mundo ha pensado alguna vez, pero no quizá profundamente. Depende de cómo seas, unas obviedades te calan más que otras, también depende de qué momento de tu vida estás viviendo.

 

Es imposible estar “a todas”, vivir el presente se hace cada vez más complicado, parar a reflexionar bien las cosas es casi un artículo de lujo. Y no nos engañemos, en el fondo no siempre queremos vivir así. También queremos que las cosas sean fáciles, sencillas, divertidas, entretenidas… Y es que parar a reflexionar o frenar para vivir el momento del ahora, a veces conlleva no tan gratas experiencias.

Pero como os decía al principio, esta semana he estado con la frase “Toda elección conlleva pérdidas”, y la he acercado a mi situación personal, a partir de ahí nace mi discurso, que quizá puede que te atraiga o puede repelerte. Lo que está claro es que es una verdad como un templo y es quizá por eso que no quieras saber más del tema.

Sin embargo, yo te invito a que mires las últimas decisiones importantes que has hecho en tu vida y valores los duelos que has hecho a raíz de esas decisiones. Efectivamente, estoy destacando los duelos, ¿qué has perdido por haber tomado esas decisiones, a qué has renunciado?

 

«Me da la sensación de que saber valorar a qué estamos renunciando nos da más fuerza, mejor foco y una guía más precisa de hacia dónde queremos ir en la vida»

 

Os pongo algún ejemplo de sencillo a complicado:

Y llegados a este punto mi mente genera pensamientos tipo “Ana, que es obvio, que esto todo el mundo lo entiende y lo sabe, ¿qué nuevo vas a decir?” -gracias mente-. Pues lo que quiero remarcar es que asumir estas pérdidas es un proceso a valorar, es algo sobre lo que pararse de vez en cuando a pensar y reflexionar, y es algo que quizá nos puede dar sentido a nuestra vida en ciertos momentos críticos. Esto es lo que voy a intentar explicar.

No nos llevamos bien con esto de asumir situaciones y perder cosas

 

Cuando tomas una decisión, te pierdes las posibilidades del otro camino alternativo, y asumir eso también es saludable. Reconocer lo que estamos dispuestos a perder puede ser también una fuente de motivación o fuerza, pues a veces nos creemos menos capaces de lo que somos y menospreciamos las decisiones que ya hemos tomado en la vida y en quien nos han convertido.

Hay momentos en los que puedes estar dudando sobre si tomar acción en un determinado punto, como cambiar de trabajo, aventurarte a montar tu negocio, tener un hijo, irte a vivir fuera… Lo que sea. Y es normal que en esas situaciones que consideras importantes te vengan dudas, te asalten miedos y te quedes paralizado intentando encontrar certeza y seguridad en los próximos movimientos.

Es normal, sí. Y podemos hacer listas de pros y contras, hablarlo con mucha gente, asegurarnos lo máximo posible leyendo protocolos, visualizando el futuro, etc. Y yo aquí añadiría una acción más cuando crees que nunca serás capaz de dar ese paso: repasa los duelos que has tenido que hacer cuando tomaste decisiones anteriores.

Por ejemplo, cuando decidiste estudiar la carrera, dejaste de lado otras opciones. Cuando te casaste/emparejaste/comprometiste con otra persona, dejaste de lado otras futuras -o presentes- opciones. Cuando te divorciaste, cuando cambiaste de ciudad, cuando cambiaste de deporte, de hábitos….

Y revisar eso puede que te haga ver que eres capaz de amoldarte a las situaciones, que eres capaz de, pese al miedo o parálisis, seguir avanzando, que la pérdida de ciertas comodidades actuales es asumible y necesaria. Es necesario asumir con naturalidad las pérdidas derivadas de las decisiones.

A veces pienso que las personas estamos muy apegadas a lo conseguido. Apegadas a nuestro físico atlético y fuerte que se degrada con la edad y con las decisiones de dedicar más tiempo a otras cosas. Apegadas a un status social, a una rutina diaria fruto de trabajo y esfuerzo de años. Apegadas a un puesto en una empresa, apegadas a un sueldo y una cantidad de dinero concreta. Apegados a una manera de alimentarnos. Apegados a lugares…

 

En algunos momentos esos apegos nos darán estabilidad, en otros nos restarán libertad.

 

Y cuando en tu mente empiezan a aparecer ideas nuevas, retos que te gustaría hacer y que conllevan cambios y decisiones, cuando en tu vida aparecen oportunidades que rompen tu status quo, que suponen avances, pero también riesgos, que suponen ilusiones, pero también miedos… Reflexionar, hacer listas, informarte y hablar con gente es genial. Y también enfrentarte al duelo de lo que sabes que vas a perder. O al menos ir preparándote para asumir que irán desapareciendo ciertas cosas en tu vida y que eso conlleva sensaciones desagradables. Y eso no nos gusta, ya lo sabemos.

Os cuento esto porque es lo que estoy viviendo ahora mismo en mi vida. Y me está ayudando mucho a estar más presente en mi día a día, a la vez que calma mis momentos de más miedo y ansiedad ante la incertidumbre del futuro.

Porque nos han dicho que todas las decisiones conllevan pérdidas, sí. Pero no nos remarcan que asumir esas pérdidas es algo que nos enriquece, que nos hace crecer como personas, que nos enseña y nos hace resilientes.

Es algo que también forma parte de nuestros valores, que forma parte de lo que somos, que nos hace ser quien somos.

Somos tanto lo que decidimos como lo que estamos dispuestos a perder. Por suerte y por desgracia.

La vida no son solamente éxitos y emociones agradables

 

Y sí, es otra obviedad, pero insisto, recapacitemos 🙂

Actualmente vivimos en Gales y nos estaos mudando a Hamburgo. Ha sido una oportunidad que ha aparecido fruto de diversos movimientos en la familia. Pese al gran reto que supone, que es mucho en una familia de 5 miembros y que apenas nos habíamos instalado en Reino Unido, estamos ilusionados -los padres, las niñas no tanto-.

Me paro a pensar sobre esta sensación, que es de alegría, de entusiasmo y de cierta euforia también. Pero no puedo ignorar un sabor agridulce que aparece al mismo tiempo en el fondo de mi corazón. Y es una sensación de tristeza, de cierta pena y melancolía.

Podría intentar ocultar esas sensaciones con forzarme a pensar en la parte positiva de todo esto, podría decirme cosas como que «es una oportunidad única» «otro idioma para las niñas» «vivir una cultura más», etc… Pero la verdad es que quiero sentir lo desagradable. Quiero hacerle hueco porque necesito empezar a conocerlo ya para que no me de sustos después.

Tras más de tres años fuera de España, -que ya sé que no es mucho-, echo de menos muchas más cosas de las que pensaba. Echo de menos a más gente de la que imaginaba y echo de menos más situaciones de las que creía. Hay días que te gustaría que la máquina de tele transportar humanos ya estuviese inventada. Hay días que te encantaría haber aprendido a hacer aquella receta de tu madre o tu abuela. Hay días que ansías el clima de tu tierra… Días que te sientes fuera de lugar, frustrada, apartada y desconectada. Hay días que repiensas todo lo que se ha quedado por el camino debido a la decisión que tomaste. Y hay que convivir con todo ello.

Saber que esto se repetirá por más tiempo y en un entorno desconocido y rodeados de personas que no hablan tu idioma, no es agradable.

También echaré de menos Reino Unido, echaré de menos la casa en la que vivimos ahora, las personas que dejo aquí, la rutina, el entorno y sus posibilidades.

Y bueno, no hace falta vivir lejos para sentir esto ¿verdad? Cuando tomas una decisión, cuando decides un camino, hay que decir adiós a cosas, a otras simplemente hay que apartarlas momentáneamente, y otras seguirán estando, pero de diferente forma.

Pero el tema es que hay duelos. Y generalmente no nos gustan los duelos.

E insisto, estar valorando estas pérdidas me está haciendo ver de lo que soy capaz. Me está dando fuerzas, ánimos, y mostrando mi faceta adaptativa, mi capacidad de cambio, mi valentía y empuje. Y no quiero que suene esto egocéntrico, por favor, aplicarlo cada uno a su situación, pues creo que todo esto está en la totalidad de nosotros. Simplemente es que no lo valoramos porque no nos paramos a observarlo.

 

Y, es más, reconocer las cosas que dejas atrás, te ayuda a vivir más en el presente, a vivir el ahora y valorar lo que tienes. Porque realmente, la vida es constante pérdida.

 

Si extrapolamos este aprendizaje a cualquier otra cosa decisión que tomamos en la vida, no importa el tamaño que tenga, nos podemos dar cuenta de que a veces no tomamos ciertas decisiones por no querer perder o asumir la pérdida consecuente a elegir un camino. Y esto a mi me parece triste.

Cambiar de trabajo, tener un hijo, viajar más, probar unas dietas, cambiar de deporte, probar nuevos hábitos… Cualquier decisión, cualquier elección implica también dejar de tener algo, y asumir eso también es saludable. También es positivo, y enseña.

Toda elección conlleva pérdidas, reflexión.
Imagen de nuestra familia en Novimebre de 2017, en nuestra casa de Alicante
Toda elección conlleva pérdidas, reflexión.
Imagen de nuestra familia en 2021, en Swansea, Gales, UK

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2 Comments
Verónica González-Tejero

Totalmente de acuerdo! Todos pasamos por ello, pero no nos hacemos tan conscientes mientras lo hacemos. Poner el foco en la decisión y en lo que dejas, da empuje, da valor…y aunque muchas veces intentamos dejar de lado los sentimientos «más incómodos», no hay nada como tomarlo como son, asumirlos y transitarlos. Abrazos familia bonita.

Así es Verónica, al final enfrentarse a las sensaciones incómodas es lo que nos da las herramientas. Todo es fácil cuando las cosas van bien. Cuando van mal o despiertan sensaciones desagradables es cuando hay que ponerse «a entrenar». Muchas gracias por comentar. Un besazo a vosotros también 🙂

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