Newsletter 26 de febrero 2024​

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Hay un gen que se hereda y que la gente no es muy consciente, el gen cotilla, y a mí me ha tocado de lleno. El gen cotilla ha ido estructurando mi cerebro desde antes de que tuviese uso de razón, alimentado por la proveedora del mismo: mi madre.

Mi queridísima madre me sacaba información mientras dormía, eso es gen cotilla maximal, a eso no he llegado todavía, y la verdad es que espero no hacerlo aunque no doy un duro por mi.

Resulta que yo hablaba en sueños, no sé si en fase DELTA, REM, SREM o NREM, pero era capaz de comunicarme con frases algo coherentes, lo suficientemente bien estructuradas para que mi madre sintiese su ansia cotillil aplacada.

Ella se acercó, al menos una vez -aunque yo diré que muchas porque sin exagerar esto no funciona-, y empezó a hacerme preguntas, las cuales yo iba contestando diligentemente.

Preguntas sobre mi vida en el colegio, en la casa o sobre mis hermanos. Así que sí, hay cosas que ella sabe que yo no controlé decir, y eso a veces me perturba, sobre todo cuando me lo recuerda.

Traumas a parte, el gen cotilla fue creciendo en mí como la hiedra se abre paso por la pared, utilizando cualquier saliente enano para apoyarse y seguir avanzando. Y aunque no soportaba los interrogatorios semanales, resulta que estoy empezando a entender por qué ella los ansiaba tanto.

Hay algo que te impulsa a saber del otro, cómo está, cómo funciona, cómo piensa, en qué se estanca, si está bien, si no, si quizá tú puedes echarle una mano, o aunque sea acompañarle e intentar entenderle…

Cuando las cosas en casa no arrancaban -cuatro hijos en una ventana de 6 años- y las hormonas, feromonas, el olor a Clearasil y a Peusek inundaba cada rincón de nuestro apartamento alicantino, mi madre se acercaba sigilosamente a mi habitación.

-Ana, estoy preocupada por tu hermana ¿sabes algo? ¿le va bien con sus amigas?
-Ana, creo que tu hermano tiene una novia ¿tú lo has visto?

-Ana, ¿qué ha pasado entre tus hermanas? cuéntamelo anda…

 

Los intentos eran totalmente en vano. Ana era una tumba, y lo sigue siendo. No hay nada que me gustase menos que alguien intentando sonsacar información de mis aliados, porque al final tus hermanos serán lo que serán, pero estaban conmigo en la trinchera, y eso es sagrado.

Mi gen cotilla se compensa con mi extrema discreción y con mi memoria de medio plazo. Me parece la combinación perfecta cuando quieres dedicarte a escuchar los problemas de la gente e intentar ayudarles con las herramientas que has ido aprendiendo a lo largo de los años.

Es como contarle un secreto a alguien y después flashearle con el boli de Men in Black.

 

Paradojas de la vida, aquí me hallo intentando gestionar mi gen cotilla con mis hijas:

  • La mayor está entrando en la adolescencia y me responde con monosílabos y movimientos de hombros y levantamiento de cejas que no alcanzo a interpretar. Si habla lo hace en un inglés tan rápido que hace que me quede con cara de idiota intentando descifrar qué ha dicho y no pedirle que me lo repita por tercera vez…

  • La mediana me cuenta tantísimas cosas con tantísimos detalles que a veces prefiero no preguntarle, no vaya a ser que monopolice la conversación durante tres horas, saltando de un tema a otro y enfadándose cada vez que intervengo porque dice que la estoy interrumpiendo y que no la escucho…

  • Así que mi esperanza se queda en la menor, la tercera, la cual me recuerda mucho a mi, así que dudo que suelte prenda, será también una tumba. Y no, no pienso abordarla en sueños, todavía.

 

Así que eso, #gencotillaforever, porque nunca sabes para qué lo puedes emplear, pero si la intención es buena, eres discreta y además pierdes la memoria cada seis meses, seguro que acabas por gestionarlo bien y utilizarlo con responsabilidad.

Que una persona se sienta segura mientras comparte conmigo lo que no es capaz ni de decir en alto, es algo que recibo como un regalo y una responsabilidad. Es la manifestación del gen cotilla evolucionado.

Y no, al parecer ya no hablo en sueños, o eso me dicen…

Que tengáis una buena semana.
Un abrazo

Ana


PD: Mira sí el gen cotilla está fuerte que ya había hablado de él hace tiempo aquí y no me acordaba.

Yo te busco, no te preocupes

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Anita Balle

Autora de este Blog

La parte cotilla de todo esto

Publicista y creativa de profesión, psicóloga de vocación y actualmente ejerciendo también como terapeuta. Madre de familia y pareja de ingeniero. Actualmente viviendo en Hamburgo.

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