Los dientes de Ronaldinho

Los dientes de Ronaldinho

Los dientes de Ronaldinho

Cuando era pequeña me gustaban muchos chicos. Muchos. Iba por la calle enamorada de medio mundo. Da igual que fuesen de mi colegio, de mi barrio, de mi club o famosos. No me salían corazoncitos de los ojos de milagro.

Me gustaba hasta Ronaldinho, fíjate lo que te digo, ¡y muchos otros!. En mi casa veíamos los partidos en el salón todos juntos, y cada dos por tres soltaba un “¡Qué guapo!”.

Mi padre alucinaba. “¿Guapo? ¿Cómo que guapo, hija? ¿Pero tú le has visto bien?”

Al rato pasaba Mijatović y mi padre empezaba a meterse con su aspecto, que si tenía cabeza pajarito, que si era una pose de gomina, que si tal o cual. Y yo soltaba el clásico: “Pues a mi me parece guapo”…

“Hija, no te pueden gustar todos”

Pese a sentir lo que sentía, que al final era real, yo no era una persona que mostrase sus emociones fácilmente, así que no había problema.

Podía estar enamorada de media clase de 6º, hasta de aquél con pelusa en el bigotillo y granos incipientes, pero nadie se iba a enterar. Y si se enteraban, lo negaba con rotundidad. Así que todo controlado.

Con el tiempo entendí mejor esas emociones y las fui poniendo en su lugar. Porque irse, nunca se fueron, nunca se han ido. Hoy, con ya 40 años, lo considero uno de mis dones o fortalezas naturales.

 

Todos tenemos algo que hacemos sin pensarlo. Más que hacerlo, es que no pasa. No lo controlamos, ni lo trabajamos, y ni siquiera lo vemos. Pero lo tenemos. Es natural. 

Si te has dado cuenta de lo que es, puedes haber aprendido a disimularlo, o no, puedes haberlo explotado al máximo. Incluso puede que se te haya ido de las manos. Eso ya depende de la historia de cada uno. Pero tú sabes en el fondo que eso, lo que sea, “te pasa”. Y si no lo sabes, seguro que cuando alguien te lo diga no te sorprenderá tanto.

Soy capaz de ver belleza en casi todo. Belleza manifestada de muy diversas maneras, belleza hasta en los dientes de Ronaldinho, en la nariz de Amavisca o en la calvicie y blancura de Iniesta.

Y esto, que puede sonar muy quinceañero y naif, también se manifiesta más profundamente. Belleza en el interior de las personas, las buenas intenciones en los proyectos de la gente, en el fondo de sus decisiones y sus actos. 

Se manifiesta también en reconocer qué es lo que se le da bien a las personas, qué es lo que les hace diferentes al resto, cuáles son sus potencialidades, en qué son buenos, cuándo están siendo 100% ellos mismos.

 

Cuando con 12 años decía “qué guapo”, lo que quería decir era “veo lo bonito y auténtico que hay en ti”. Obviamente he tenido que estudiar y observarme mucho para llegar a esta conclusión.

Este don no es que te convierta en un súper héroe. No es la finalidad tampoco. Pero conocer este tipo de cosas te puede ayudar a tomar mejores decisiones en la vida, a entenderte antes y ahora, a controlarlo o a sacarle partido si es lo que quieres.

Conozco a personas que no saben qué se les da bien, cuáles son sus cualidades principales, para qué son buenas. Unas viven tranquilas porque no les importa. A otras les causa malestar estar dudando constantemente. Ávísame si es así.

PD: Con las chicas también me pasaba… Anda que no me he planteado yo millones de veces que si era bisexual.

PD2: Sí, si me conoces, probablemente me haya quedado mirándote disimuladamente en algún momento, como una enamorada quinceañera.

Yo te busco, no te preocupes

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Anita Balle

Autora de este Blog

La parte cotilla de todo esto

Publicista y creativa de profesión, psicóloga de vocación y actualmente ejerciendo también como terapeuta. Madre de familia y pareja de ingeniero. Actualmente viviendo en Hamburgo.

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