Personal Reflexiones

Hola, soy Ana, y no me gusta mi físico

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Esto es una de las cosas que publico a lo loco de la que quizá alguna vez me arrepienta pero, es algo que creo que necesito exteriorizar y explicar. Como estoy en un año de apertura total no me voy a reprimir las ganas y lo voy a hacer.


Como una presentación de adictos lo digo. «Soy Ana y no me gusta mi físico». Porque sé que esto forma parte de una adicción al autocastigo.

Quizá esta manifestación «no me gusta mi físico» hay gente que la pueda ver normal, hay mucha gente a la que no le gusta su físico. El caso es quien así lo considere no sabe cuán grave es el problema.

No gustarte tu cuerpo, ni tu cara, ni tus manos, ni tus pies. No gustarte tus piernas, tu culo, tu espalda, tu barriga, tu cuello, tu barbilla, tu nariz, la forma de tus ojos, la forma de tus caderas, la forma de tus pechos… Yo lo veo grave. Ya oigo algún comentario de «exagerada» por ahí. No, no lo hago.

No es lo primero que piensas cada mañana, tras 35 años por lo menos he conseguido eso. Pero es lo que piensas, al menos, dos o tres veces al día.

No soy obesa, no soy deportista consumada, no como mal, me cuido, me hago tratamientos de cara y cuerpo cuando me apetece, tengo tiempo y dinero. No me considero fea. Pero no me gusto.

A veces me imagino cómo sería mi vida si me gustase mi físico, y mentiría si no os dijera que me la imagino mejor de la que la tengo. Los que me conocéis no os echéis las manos a la cabeza, estoy bien, os sigo contando.

¿De donde viene?

No sé si viene de traumas infantiles, lo cierto es que algún insulto que otro he recibido con respecto a mi físico, también canciones burlonas, más de lo que me hubiese gustado escuchar. No sé si recibiendo el mismo trato pero con otra personalidad más fuerte hubiese pasado por alto todo y hubiese sido más feliz en esta faceta. Ni lo sé ni me lo cuestiono seriamente porque ya no tiene solución. No puedo viajar al pasado.

Sí sé que tiene mucho que ver mi juez interior, al cual le he ganado muchísimas batallas, aunque no todas. Porque no todo está en lo que te dicen los demás -verbalmente o no- sino en cómo tu lo lees y lo interpretas.

Porque consciente o inconscientemente he recibido miradas, he notado comportamientos, he sentido rechazo por parte de los demás. Cuando me he puesto en bikini, cuando me he sentado de una manera en la que un michelín se notaba más de la cuenta, cuando no he vestido de manera «acertada», lo he sentido.

Personas a las que se les lee la expresión, a las que se les nota todo. Que no pueden ocultar ese pensamiento -consciente o inconsciente- que cruza su mente cuando te está mirando a la cara, o a la barriga, o al culo o a las piernas.

Y yo no he sabido poner freno a mi cabeza, que interpretaba esos comentarios, comportamientos o gestos de una manera cruel y castigadora. Pensamientos que se instalan en tu inconsciente y minan tu capacidad de debatir, de defenderte y de protegerte.

No quiero dar pena, yo soy feliz 🙂

Y no quiero dar pena, ni mucho menos. Soy feliz, de verdad lo soy. En la mayoría de áreas de mi vida lo soy. No tengo la suficiente confianza en mí misma como para ponerme un vestido ajustado o un bikini, pero lo soy. Así que lo bueno es que eso se queda ahí.

Me cuesta hacerme selfies, me cuesta hacerme fotos. Siempre me ha costado. Tampoco tengo tanta necesidad de hacérmelas, pero cuando me las hago las suelo borrar, porque simplemente no me gusto. Y no me gusta mi cara.

Quizá es muy angulosa, quizá es muy alargada, quizá es muy romboidal… El caso es que me cuesta ver mi cara congelada en un movimiento. Soy más de videos, me encuentro mejor en ese formato, veo más expresiones y los acepto mejor.

«Soy feliz, de verdad que lo soy. Creo que si no lo fuese no me importaría un pepino -como me está importando- publicar esto que os cuento.»

Hay final feliz en todo esto

Y a la vez que parece que le echo mucho hierro al asunto contándolo así, tal cual, tan natural, le quito importancia al tema del físico porque yo sé que soy mucho más que eso.

Soy muchas cosas que superan con creces a la materialización de mi persona en la carne y en los huesos. Y reconociendo esto, hago el examen de conciencia y un tremendo autoanálisis sincero, desde lo más hondo de mi ser, de perdonarme por yo también haber sido juez de otros cuerpos no cortados por el patrón de los estándares de belleza.

Porque yo también he tenido esos pensamientos -conscientes o inconscientes- hacia otras personas, lo reconozco.

Y digo ¿te unes al movimiento?, hagamos un esfuerzo todos en cuestionarnos qué se nos pasa por la cabeza cada vez que vemos a alguien más rellenito de la media, con rostros o características puntuales categorizados como diferentes en nuestra mente inconsciente y plana.

¿Te animas a no ir por la vida dormido sin saber hasta qué punto estás haciendo comentarios discriminatorios, hasta qué punto estás elevando un labio en mueca de asco, hasta qué punto estás juzgando a una persona por su físico, sin tener en cuenta nada más en ese momento.?

Porque somos más que carne y hueso, pero cuando te dicen «guapa» sigue significando mucho.

Porque cuando te miran con ojos de «guapa» sigue pesando mucho, sigue transmitiendo mucho.

Sabiendo que «guapa» en ese momento sólo alude a tu exterior, tendríamos que esforzarnos también para que aluda al interior. Porque es mejor un «guapa» un día cualquiera pensando en el todo de la persona, que un «guapa» cuando se ha arreglado para salir.

Porque seríamos eternamente más felices, aunque tengamos o no un cuerpo fitness, si nos dijésemos cosas bonitas que englobasen cuerpo, mente y espíritu.

Ver este video de cómo la gente reacciona cuando le dicen que es «beautiful»

Recapacita y comprométete a no dejar nuestra mente y nuestros gestos dormidos en la inconsciencia. Démonos cuenta del poder de nuestras palabras, de nuestros gestos, de nuestras frases hechas y de nuestras expresiones.


Mi propia herramienta

Y acabando este artículo, como conclusión, os diré que yo tengo mi propia manera de autocuidarme en este sentido. Hoy he repasado varias imágenes que me ha hecho mi hermana y otras compañeras de Ocio Magazine a lo largo de estos años. Fotos durante entrevistas a personas de Alicante en las que me he enamorado de mi expresión, de mi cara, de mi pose.

¿Por qué? porque la imagen, el momento, las personas con las que estaba y el lugar me acompañaban. Igual que nos acompañan a todos. Y he visto en mis ojos, en mi boca, en mi espalda, en mis manos, y en toda mi figura las características de mi personalidad.

He visto aquello que realmente es bonito, es bueno, es sincero y viene desde el corazón. Mis ganas de escuchar, mis ganas de transmitir mis historias y las de los demás, mis ganas de formar parte de la vida de las personas, mis ganas de reír, de descubrir de preguntar y de curiosear. No por nada, sino porque es lo que me mueve. Conocer para integrar e integrar para transmitir.

Así que acabo este post alegre, contenta, positiva y jovial. Sabiendo que he soltado un lastre, una espina, una verdad incómoda, un patrón estancado en mí. Porque exteriorizar lo que pienso de esta manera tan extremadamente pública, para mí, es el mejor trabajo terapéutico que existe, y es lo que me ayuda a relajar, a restar, a pormenorizar.

Y así vivir más libre, más feliz y más tranquila. Porque soy intensa de cojones, permitidme la expresión, y estoy un poco harta a veces de tamaña densidad sensorial.

Aquí os dejo unas pocas imágenes por si os hace gracia verlas. Gracias por leerme a quien haya llegado hasta aquí. Un abrazo.

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Comments (4)
  1. Cora 5 meses ago

    Ana: guapa.
    Yo intento cuidar muy mucho los pensamientos involuntarios hacia el físico de otros. El patriarcado nos ha jodido vivas en este sentido, PERO cuando queremos a la gente, aunque tengan una verruga en el párpado, si esa persona te llena, es que te enamoras hasta de la verruga. ¿No te pasa? Y no hablo de amor romántico, ojo, hablo de querer a alguna amigue por cómo es. Así que yo, con mis mil complejos también, me siento más segura porque sé que esas cosas son siempre recíprocas. A mí me gusta la gente asimétrica, porque probablemente son gente mucho más interesante. Yo no me gusto en bikini, pero coño! Qué más da? No vivimos en un concurso de belleza. Vamos a reforzar nuestros defectos y hacerlos nuestras características mas peculiares, y el tiempo de lamentaciones, lo invertimos en crecer un poco per dins. Al final nosotras somos las más autocríticas con nuestra apariencia, y a la gente que nos rodea se la pela total.
    Buah, vaya torrezno te he escrito. ¡Abrazo grande!

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    • Anita 5 meses ago

      Cora: preciosa.
      Me encanta lo de «que no vivimos en un concurso de belleza» y estoy contigo en eso de que a la gente se la pela. Al final esto no es más que una reflexión sonbre nuestros autocastigos y sobre ese chip maltratador que algunas tenemos en la cabeza. Mi pregunta es ¿cómo ha llegado ahí este puto juez al que apenas hago ya caso -por falta de criterio- pero se cree Dios en mi cabeza?. Es algo casi de Matrix. También, al contarlo, intento normalizar una realidad triste, pero realidad, y reírme un poco de todo, porque en el fondo todas sabemos que «no vivimos en un concurso de belleza» y que somos más que cuerpo.

      En fin, para torros los míos, y sí, reforcemos nuestras diferencias (no defectos) porque eso es lo que nos hace únicas. Y sí también, me enamoro de personas que no tienen cánones de belleza occidentales y yo caigo perdidamente en sus redes porque a mi sólo me basta que me caigas bien, y con eso ya veo preciosa a la persona.

      Gracias por comentar Cora, un beso grande.

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  2. […] traspasarlo, empecé a escribir este blog. Cuando vi las cosas malísimas que le decía a mi cuerpo escribí este artículo sobre mi. Cuando descubrí mi falta de feminidad me puse a trabajar sobre ella. Cuando descubrí que me […]

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  3. […] ¿A ti te ha pasado lo mismo? ¿qué sientes cuando lees algo así? Estoy segura de que no soy la única del planeta que lo ha vivido. ¿Crees que tiene algo que ver con lo que comenté en post anteriores sobre el amor propio? […]

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