El autocuidado pasa por limpiar váteres, barro del suelo y salpicaduras
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El autocuidado pasa por limpiar váteres, barro del suelo y salpicaduras en las paredes

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Hoy, mientras me daba una placentera ducha mañanera, sin niñas en casa y con toda la tranquilidad del mundo, me ha venido a la cabeza ese pensamiento parásito de… «esto es vida». ¡Qué gusto!.

Después, como no puede ser de otra manera, mi cabeza ha empezado a cuestionar esa frase. «¿Es esto vida?, solamente el pegarse una buena ducha, en esto nos hemos quedado?». ¡Qué espanto!.


Y os aclararé mis reflexiones. Desde que estoy metida en esta nueva área de aprendizaje, este nuevo curso de la vida al que he accedido casi por arte de magia, y que me tiene muy entretenida y fascinada, estoy leyendo muchas frases que alegan al «autocuidado».

«Las mujeres -para mí mujeres y hombres-, tenemos que autocuidarnos» frase que leo en muchos artículos, libros, posts… «Es la fase del autocuidado, del espacio para una misma» «¿practicas el autocuidado?… también aparecen por ahí.

Y creo que hoy por fin he acabado de entender a qué se refieren estas expresiones del autocuidado. Menos mal que aunque sea corta al final me entero de qué va la película.

Como sé que hay alguna por ahí que es como yo, os voy a explicar mi reflexión sobre el autocuidado.

El autocuidado dichoso

El autocuidado no es sólo tener tiempo para pegarse una ducha gustosa o un baño con sales. El autocuidado no es sólo permitirte ir a nadar/yoga/pilates y que tu compañero haga la cena y bañe a los niños. El autocuidado no es sólo poder salir a cenar con amigas, ir a pintarte las uñas o irte de viaje… El autocuidado va más allá y debemos realizarlo todos y todas.

Porque en este año -los que tenemos la suerte de vivir con las necesidades básicas cubiertas-, estamos revisando continuamente nuestras relaciones con los demás y nuestra relación con nosotros mismos, y el tema del autocuidado debe quedarse muy claro.

Para mí autocuidarse es hacer el esfuerzo de conocerte profundamente y ver cuáles son tus verdaderas necesidades. Revisar qué es aquello que hay ahora mismo en tu vida que deseas o que no deseas, aunque sea en lo más profundo de tu subconsciente, aquello que quieres que cambie o que quieras vivirlo desde otro lugar.

Analizar cómo te relacionas contigo, qué palabras te dices, qué discursos te montas. Diseccionar cómo te relacionas con los demás, cuál es tu papel en las relaciones, cómo las gestionas.

Autocuidarse es poner límites al otro y también a tu mente, a ti misma. Porque tu mente es como ese niño/a que de repente nos damos cuenta que tenemos que educar otra vez, como si tuviese tres añitos.

Porque los primeros saboteadores somos nosotros y nuestros discursos, y porque son esos discursos los primeros que tenemos que cuidar. ¿Qué necesito? ¿Qué quiero ahora? ¿Qué no quiero ahora? ¿Cómo me siento cuando pasa esto?.

Y sé que alguna gente leerá esto y dirá: «como si fuese tan fácil». ¿Quién ha dicho que fuera fácil?. Puede ser lo más complicado que tengamos ahora mismo delante, pero con excusas no avanzamos.


Sacar lo negro

Para saber lo que quieres, lo primero es conocerte bien. Tanto lo que se ve como lo que no se ve. Lo que parece que es, lo que es y lo que no es. Autocuidarse es conocerse, y conocerse es viajar por lo bonito y por lo feo.

Autocuidarse es mirarte de frente, ver tus puntos negros, ver tu manera de tratarte y de tratar a los demás. Ver lo que te gusta y lo que no. Es la única manera de poder autocuidarte bien.

Estoy autocuidándome porque cuando encuentro una puerta negra dentro de mí la abro, aunque esté cagada de miedo, aunque tarde meses o años, al final la abro. Y conocer mi mierda es la manera de autocuidarme más reparadora y profunda que hay.

Autocuidarse es limpiar váteres, barro del suelo y salpicaduras en las paredes. Conocer y sanar eso es la mejor manera que hay para brillar en esta vida.


Y no os quiero engañar. Mi vida no es perfecta ni los que me rodean lo son. Pero soy consciente de que estoy autocuidándome y no de la manera que quizá me han querido vender los medios de comunicación o los libros fáciles de autoayuda.

Escobilla en mano me hallo, casi cada día, atenta a replantearme todo. Os recuerdo que todo esto viene de una frase que he dicho en la ducha. Muy heavy para mi.


My experience

Cuando descubrí mi miedo a exponerme y quise traspasarlo, empecé a escribir este blog. Cuando vi las cosas malísimas que le decía a mi cuerpo escribí este artículo sobre mi. Cuando descubrí mi falta de feminidad me puse a trabajar sobre ella. Cuando descubrí que me ahogaba mi anterior status quo huí. Cuando me cuestiono por qué huyo, descubro más miedos…

Esto es un no parar. Pero limpiar váteres me ha permitido decir frases también como estas:

«Esto es vida» me digo cuando me permito escribir. «Esto es vida» cuando me permito decir un «no me apetece ir» sin remordimiento de conciencia. «Esto es vida» cuando expongo lo que me gustaría hacer o preparo un plan para llevarlo a cabo. «Esto es vida» me digo cuando me lanzo a algo muerta de miedo para luego ver que no pasa nada. «Esto es vida» me digo cuando puedo cocinar para toda mi familia y disfrutar de ello. «Esto es vida» me digo cuando hago pequeñas acciones rutinarias con mucho cariño. «Esto es vida» me digo cuando me permito ser yo.

Para practicar el mejor autocuidado, primero hay que atreverse a mirarse uno mismo… y frotar.

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