Por qué nos fascinan tanto los narcisistas, los manipuladores y la gente sin escrúpulos
Hay conceptos psicológicos que entran en el lenguaje cotidiano a toda velocidad. El narcisismo es uno de ellos.
Hoy parece que cualquiera ha tenido un ex narcisista, un jefe psicópata o un compañero de trabajo manipulador. El problema es que, cuando una palabra se populariza demasiado, también empieza a usarse mal.
Por eso me resultó tan interesante meterme en la tríada oscura de la personalidad, un concepto bastante más preciso que la simple etiqueta de “narcisista”.
Todo esto nace de una actividad grupal que nos mandaron en la Universidad. La actividad consistía en leer el artículo de González Moraga, el cual me ha parecido especialmente interesante porque no se limita a presentarlos como si fueran sinónimo de “maldad”, sino que los analiza desde una mirada evolutiva, intentando explicar por qué ciertos estilos de funcionamiento interpersonal pueden mantenerse y repetirse en la vida social.
La tríada oscura reúne tres rasgos: maquiavelismo, narcisismo subclínico y psicopatía subclínica. Los tres comparten una base común: baja empatía, tendencia a usar a los demás, frialdad interpersonal y facilidad para justificar conductas poco limpias cuando convienen. Pero no son lo mismo, ni funcionan igual, ni dañan del mismo modo.
El detalle importante: no estamos hablando solo de enfermedad mental
Una de las cosas más útiles del artículo de González Moraga es que deja claro que estos rasgos no se estudian solo en criminales o en personas con trastornos graves, sino también en población general.
Es decir, en personas funcionales, integradas, que trabajan, ligan, tienen amigos, manejan equipos o se mueven bien en redes, pero que se relacionan desde una lógica bastante centrada en sí mismas.
Ese matiz cambia mucho la conversación. Porque obliga a dejar de imaginar la oscuridad psicológica como algo extremo y fácil de detectar. A veces no aparece en una figura claramente antisocial. A veces aparece en alguien que sabe caer bien, tiene encanto, sabe venderse, entiende muy bien a quién tiene delante y utiliza eso en su favor.
Tres formas distintas de colocar al otro en segundo plano
El maquiavelismo es el territorio del cálculo. La persona maquiavélica manipula, planifica y se mueve con frialdad. No necesita llamar la atención; necesita controlar el tablero.
Tiende al cinismo, cree que la manipulación es una herramienta útil y entiende las relaciones como algo estratégico.
En el artículo se le describe como un perfil que se apoya en la manipulación constante, la estrategia a largo plazo y cierta inhibición moral.
El narcisismo subclínico gira alrededor de la grandiosidad, la necesidad de admiración y la autoimportancia. Aquí la persona no solo quiere conseguir cosas: quiere ser vista, reconocida, confirmada. Necesita sentirse especial.
El propio resumen del artículo recoge muy bien esa idea de querer eclipsar a otros, destacar y mantener una imagen superior.
La psicopatía subclínica tiene otro perfil: más impulsividad, más búsqueda de sensaciones, menos culpa, menos remordimiento y menos empatía.
No hace falta pensar en la versión extrema del término. En su forma subclínica puede aparecer en personas que funcionan socialmente, pero que tienen mucha facilidad para actuar sin freno emocional y sin mucho peso de conciencia.
El artículo la vincula con impulsividad, insensibilidad emocional y ausencia de remordimiento.
El narcisismo: el más visible, el más tolerado y a veces el más premiado
Si hoy se habla tanto de narcisismo, no es casualidad. De los tres componentes de la tríada, seguramente es el que mejor encaja en una cultura que premia visibilidad, autoafirmación, seguridad y capacidad para destacar.
Y aquí está uno de los matices más interesantes: dentro de la tríada oscura, el narcisismo puede tener un lado socialmente atractivo.
El propio artículo recoge que, en comparación con los otros dos rasgos, puede aparecer asociado a liderazgo, autoridad, audacia o capacidad para ocupar el centro.
También señala que ciertos estudios lo relacionan con competencia y logro.
Eso no significa que sea inocente. Significa que su parte problemática no siempre se ve al principio. El problema del narcisista no es solo que se valore mucho. Es que necesita tanto sostener su imagen que los demás pueden acabar convertidos en público, herramienta o extensión de su ego.
Por eso el narcisismo engancha tanto como tema: porque mezcla rasgos que socialmente pueden parecer atractivos con dinámicas que, de cerca, desgastan mucho. No siempre entra como alguien desagradable. A veces entra como alguien magnético.
La parte incómoda: ¿y si estos rasgos dan ventajas?
Aquí el artículo se pone especialmente sugerente. La mirada evolutiva que revisa González Moraga plantea que estos rasgos podrían entenderse, al menos en parte, como estrategias adaptativas.
Es decir, formas de funcionar que en determinados entornos pueden dar ventajas: manipular mejor, competir con menos freno, aprovecharse de otros, seducir rápido o moverse bien en escenarios donde importa más ganar que cuidar el vínculo.
Se habla incluso de una estrategia de vida rápida: más orientación al beneficio inmediato, más foco en el corto plazo, más egoísmo, menos autocontrol y más facilidad para usar relaciones superficiales como vía de acceso a recursos o estatus.
El artículo señala además que maquiavelismo y narcisismo podrían suavizar parte de los costes sociales de esa estrategia, lo que explicaría por qué en algunos contextos funcionan mejor que la psicopatía pura.
Ahora bien, aquí conviene no simplificar. El propio autor también pone límites a esa explicación. De hecho, en la discusión deja claro que no toda la evidencia apoya una interpretación lineal basada solo en reproducción o estrategia rápida de vida, y que los cuidados tempranos, el apego y las condiciones socioambientales también influyen mucho en cómo se desarrollan estos rasgos.
La infancia importa, aunque no lo explique todo
Otra de las líneas interesantes del artículo es la relación entre tríada oscura y desarrollo infantil.
Se revisan estudios que conectan la calidad de los cuidados parentales con la aparición posterior de estos rasgos. En términos generales, se plantea que entornos de cuidado pobres o inestables pueden favorecer estilos más defensivos, fríos, manipuladores o impulsivos. Bajo cuidado materno asociado a maquiavelismo, bajo cuidado paterno más relacionado con psicopatía, y ciertas formas de cuidado vinculadas a dimensiones del narcisismo.
Lo interesante aquí no es convertir esto en una receta simple de causa-efecto, sino entender que la forma de vincularse no aparece de la nada.
La personalidad no se cocina en el vacío. Se organiza también a partir de cómo una persona ha aprendido a conseguir atención, seguridad, control o protección desde muy temprano.
La sombra cotidiana: pareja, trabajo, dinero y redes
Una de las mejores partes del artículo es que aterriza la tríada oscura en escenarios muy concretos. No se queda en definiciones abstractas. Habla de violencia psicológica, infidelidad, mentira, uso del dinero de otros, comportamiento laboral tóxico y redes sociales.
En el ámbito laboral, por ejemplo, el artículo recoge que maquiavélicos y psicópatas pueden centrarse en obtener lo máximo de su organización dando lo mínimo posible.
Eso encaja muy bien con la idea de explotación estratégica: gente que sabe moverse, que entiende el sistema, que aprovecha vacíos y que no tiene demasiados escrúpulos si con eso gana posición, prestigio o recursos.
En redes sociales también aparece una línea muy actual. El texto menciona estudios que vinculan la tríada oscura con autopromoción, duplicidad, frialdad emocional y agresividad en Facebook, además de una disminución de la empatía y un uso de la interacción como competencia social.
No es difícil ver por qué este tema conecta tanto con el presente: hay plataformas enteras montadas sobre visibilidad, comparación, validación y manejo de imagen. Y ese terreno puede resultar muy favorable para ciertos perfiles.
En pareja y sexualidad, la revisión apunta a infidelidad, mentira, estrategias de apareamiento a corto plazo y competencia con rivales. No es un detalle menor, porque ayuda a entender por qué estos perfiles aparecen tanto en conversaciones sobre relaciones afectivas: no solo por el daño que pueden hacer, sino porque muchas veces saben resultar atractivos al principio.
Una idea que me parece clave: no todo lo oscuro da miedo a primera vista
Quizá una de las conclusiones más útiles del artículo es que la tríada oscura no siempre se presenta como una amenaza clara. De hecho, el propio texto sugiere que en muestras no clínicas maquiavelismo y narcisismo pueden resultar más irritantes o explotadores que violentos, mientras que la psicopatía se asocia más con conducta antisocial. Incluso señala que la psicopatía subclínica puede incluir una autovisión positiva y baja ansiedad que, intrapsíquicamente, pueden parecer ventajosas.
Esto me parece importante porque explica por qué cuesta tanto detectar ciertas dinámicas a tiempo. No todo lo que hace daño entra de forma aparatosa. A veces entra bien vestido, con seguridad, con encanto, con mucha capacidad para leer lo que el otro necesita o espera.
Lo que me llevo de esta actividad
Si tuviera que resumir lo que más me ha aportado este tema, diría esto: obliga a pensar mejor.
Obliga a salir de la idea simple de “gente buena” y “gente mala”.
Obliga a entender que hay rasgos que pueden dar ventajas sociales a corto plazo y, al mismo tiempo, deteriorar bastante la convivencia, la empatía y el vínculo con los demás.
También me deja una reflexión incómoda: algunos rasgos de la tríada no solo se toleran, sino que a veces se premian.
Cierta grandiosidad puede parecer liderazgo. Cierta frialdad puede parecer eficacia. Cierta manipulación puede confundirse con inteligencia social. Y ahí está parte del problema.
En resumen, la tríada oscura no sirve solo para hablar de perfiles extremos. Sirve, sobre todo, para mirar con más atención ciertas formas de relación que, aunque a veces parezcan normales o incluso admirables, pueden tener un coste importante para quienes las sufren.
Bibliografía
González Moraga, F. R. (2015). La tríada oscura de la personalidad: maquiavelismo, narcisismo y psicopatía. Una mirada evolutiva. Revista Criminalidad, 57(2), 253-265. http://www.scielo.org.co/pdf/crim/v57n2/v57n2a06.pdf
Jones, D. N., & Paulhus, D. L. (2014). Introducing the Short Dark Triad (SD3): A brief measure of dark personality traits. Assessment, 21(1), 28-41.
Latham, L., & Stephenson, Z. (2025). A critical review of the Short Dark Triad (SD3). Personality Science, 6, 1-20. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/27000710251388327
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Anita Balle
Autora de este Blog
La parte cotilla de todo esto
Publicista y creativa de profesión, psicóloga de vocación y actualmente ejerciendo también como terapeuta. Madre de familia y pareja de ingeniero. Actualmente viviendo en Hamburgo.



