Persiguiendo el hedonismo

Persiguiendo el hedonismo

Persiguiendo el hedonismo

Ante artículos sobre la «adaptación hedonista» o la búsqueda incansable de la felicidad, es necesario recordarnos que las cosas no son siempre blanco o negro.

 

Y matizo esto desde el principio para que quede bien claro. Todo es mucho más complicado de lo que parece, ejemplo de esto son la multitud de estudios científicos y sociales que se encuentran a día de hoy sobre el bienestar y la felicidad. Cada uno está abordado desde un prisma diferente. Imposible, por tanto, generar la receta ideal de la felicidad para todos.

Dedico este artículo y episodio a Irene, que me propuso el tema y estoy muy agradecida por ello. Su propuesta me ha permitido investigar más sobre el tema y poder generar una reflexión personal sobre ella que, espero, sea de utilidad. O por lo menos haga abrir un debate interno en cada uno de nosotros.

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Punto de inicio: la adaptación hedonista o por qué queremos siempre más. ¿Esto es así?

 

Irene compartió conmigo este artículo de la revista GQ que se titula “La «adaptación hedonista» o por qué nunca nos conformamos con lo que tenemos”.

Su punto de vista era que este tema le llamaba la atención y que lo estaba observando cada vez más en la sociedad en general. Hasta aquí, totalmente de acuerdo con ella, mi percepción es la misma.

Yéndonos a «analizar» el artículo, mi sensación es que el titular es una mezcla de dos cosas que, aunque están relacionadas, no son exactamente lo mismo.

Es decir, una cosa es la adaptación hedónica y otra cosa es esa actitud de querer siempre más. O al menos así lo veo yo. Decir que la adaptación hedónica da como resultado de que queramos siempre más me parece pasarse por alto muchas otras cosas, como por ejemplo la personalidad de cada uno entre otras cosas.

Qué es la adaptación hedónica

 

Hay autores que definen la adaptación hedónica como esa capacidad o tendencia de los seres humanos a volver a unos niveles estables de felicidad tras experimentar grandes cambios positivos o negativos en nuestra vida.

Es decir, la adaptación hedónica es cómo nos adaptamos a la vida o a nuestro «estado estable» después de eventos muy felices o muy traumáticos.

 

El término fue acuñado inicialmente por Brickman y Campbell, para después ser reorientado por Michael Eysenck bajo el término de hedonic treadmill, o traducido al castellano, la cinta de correr hedónica.

«The hedonic treadmill (also known as hedonic adaptation) is a theory positing that people repeatedly return to their baseline level of happiness, regardless of what happens to them».

Entonces, esto tampoco es tan negativo ¿no?. Una herramienta psicológica muy potente capaz de ayudarnos a adaptarnos a las situaciones, de estabilizarnos. Esa capacidad de adaptación que nos ayuda a superar nuestros momentos más traumáticos para que volvamos a nuestra «estabilidad emocional». Fantástico, ¿verdad?

Claro, el problema viene cuando lo que queremos es «que no se vayan» los estados de máxima felicidad. Cuando queremos quedarnos ahí forever. Y aquí es cuando ya el discurso cambia porque… está muy bien tener una herramienta en el cerebro que, de manera «natural» nos devuelve a un estado tranquilo tras una desgracia, pero no está bien cuando nos devuelve el estado tranquilo tras una alegría. ¿Verdad? Estar felices siempre parece que mola, o eso nos creemos.

Aquí empieza la chicha de la reflexión a la que he llegado gracias a la propuesta de Irene. ¿Qué pasa con nuestro estado tranquilo? ¿Es que no nos gusta? ¿Buscamos salir de él constantemente? ¿Es por eso que queremos siempre algo más, conseguir más, más estímulos? ¿más vivencias? ¿otro trabajo? ¿otra pareja? ¿otra casa?… ¿Es verdad que queremos estar siempre felices?

Diferencia entre hedónica y hedonismo

 

Antes de seguir por donde estábamos vamos a hacer un inciso y diferenciar los términos.

El hedonismo es un término que se refiere al principio o la doctrina moral de que el placer debe ser el objetivo del comportamiento humano. Es la idea de que buscar el placer y evitar el dolor es el objetivo principal del comportamiento humano.

Es decir, grosso modo, hedonismo es la doctrina que dice que estamos en este mundo para disfrutar y debemos buscar el disfrute ante todo, evitando las malas experiencias a toda costa.

Os dejo también la definición según la RAE:

  1. m. Teoría que establece el placer como fin y fundamento de la vida.
  2. m. Actitud vital basada en la búsqueda de placer. Un ambiente de lujo y hedonismo.

Ahora bien, algo hedónico es algo relacionado con el placer, algo relacionado con el hedonismo. Todos experimentamos algún nivel de «bienestar hedónico» durante sus vidas, cierto grado de placer, de cualquier fuente.

Pero esto no tiene por qué conllevar un pensamiento o creencia de que debemos siempre buscar el placer y evitar a toda costa el sufrimiento.

Tampoco tiene por qué conllevar que tengamos que perseguir un estado de felicidad máxima permanente y estable.

Buscar la felicidad en lo externo

 

Creo que ya es un concepto más que sabido el hecho de que la felicidad o la sensación de valoración no la debemos buscar en el exterior, esto es, en cosas externas a nosotros. La felicidad real, al ser algo que sentimos desde dentro y que expresamos hacia afuera, es algo propio, personal, íntimo, interno… Y es ahí donde debe fraguarse.

El concepto de que si conseguimos otro coche, otro trabajo, otra casa, una familia, etc, seremos más felices, es algo prefabricado por la sociedad en la que vivimos. ¿Estamos de acuerdo?.

La sensación de querer siempre más y más para mantener estados altos de felicidad o realización, por tanto, nos viene como resultado de este modo de vida repleto de hiperestimulación, de hipercomunicación, de comparación constante, de desvirtuar lo verdaderamente importante, de no estar conectados con nosotros… Y es responsabilidad de cada uno hacerse cargo de esto, no vale con culpar simplemente a las redes sociales, a la sociedad, etc. Hay muchas herramientas para poder conocer esto y trabajarlo.

Aunque, si os soy sincera, tampoco tengo el conocimiento certero de que en el pasado no pasase lo mismo -salvando las distancias claro-.

Y es que determinado tipo de personas son buscadoras de experiencias por naturaleza, son yonkis del sentir, del experimentar, del lograr.

Y lo ves también en los niños, niños mucho más excitados de por sí, con menos capacidad de aguantar el aburrimiento, con muchas ganas de ser vistos y de ser reconocidos… Y esto enlaza con el siguiente punto.

No nos metamos todos en el mismo saco

 

Una de las razones por las que no estoy completamente de acuerdo con la afirmación de «siempre queremos más» es que, efectivamente, no todo el mundo es así.

Hay muchísimas personas que, en ese sentido, no buscan cada vez más y más posesiones y experiencias. Personas que son mucho más conformistas o que disfrutan de una vida más sosegada y tranquila o que, simplemente ponen el foco de su ambición en aspecto vital que no da pie a este tipo de comportamientos.

Es verdad que hay otros muchos que sí podrían meterse en este saco. Gente con una personalidad de superación constante, muy motivada por los retos, muy centrada en los resultados y que poco sabe disfrutar del camino y de lo conseguido, apenas los minutos de gloria y reconocimiento.

Estas personas deben calibrar su instinto de querer cada vez más, que no reprimirlo. Deben disfrutar más de otras cosas de la vida, separarse un poco de los objetivos y resultados y vivir esta condición con el mayor equilibrio posible.

Por estos detalles, entre otros, es por los que he mencionado al principio que todo es más complicado de lo que parece, pues bajo mi perspectiva la personalidad de cada uno aquí también es clave.

Lidiando con las expectativas

 

Así es cómo definía el concepto de Hedonic Treadmill su autor Michael Eysenck:

«Puedes correr todo lo rápido que quieras y acumular todas las riquezas que puedas, pero seguirás permaneciendo estancado en tu estado natural y usual de felicidad. Porque las riquezas que ganes simplemente aumentarán tus expectativas y no te dejarán mejor de lo que estabas»

 

O lo que es lo mismo: The next thing I get will make me happy / La siguiente cosa que consiga me hará feliz.

Así que aquí tenemos las expectativas que nos generamos, es decir, aquello que esperamos que se convierta en realidad. Ese trabajo «soñado», es decir, «idealizado», se convierte en realidad y nos damos de bruces con ella. Esa situación tan esperada y deseada porque estábamos convencidos de que sería tan y como la imaginábamos, que nos traería placer constante, alegría infinita, motivación para siempre… Y luego resulta que, como todo, tiene su cara A y su cara B.

Ante eso, la típica respuesta que figura en el artículo: llevo un año en el trabajo y quiero irme. ¿Por qué? ¿Quizá porque no era lo que esperaba? ¿Quizá porque mi personalidad es tal que cuando consigo un objetivo ya me planteo el siguiente? ¿Quizá porque efectivamente creo que ese trabajo va a hacerme feliz y no es así?

¿Nos hemos planteado alguna vez si es posible vivir permanentemente motivados, alegres, felices, activos, ambiciosos…? Cuando estamos ideando la situación futura que tanto ansiamos ¿somos realmente conscientes de que siempre nos estamos generando expectativas que no son reales?.

Y esto lo hacemos todos constantemente, la diferencia está, bajo mi punto de vista, en quien es capaz de ir ajustando sus expectativas a la realidad sin mayor inconveniente, el que tiene un objetivo basado en sí mismo y generado en su mundo interior, y no en su mundo exterior, el que tiene como finalidad conseguir algo noble, propio, individual, que nace de sí, que es auténtico para él, algo que tiene que ver con su mejora como persona. Y aquí volvemos a enlazar con el punto siguiente.

Los hábitos de la felicidad

 

Enlazando con lo anterior, debemos recordarnos pues, en todo momento, que en lo que debemos trabajar día a día no es en nuestros logros o hitos puntuales.

Los hábitos y las pequeñas cosas que nos ayuden a desarrollarnos como mejor persona son aquellas cosas que nos impulsarán un set-point de felicidad más elevado.

Esos hábitos son los que determinan un cambio duradero en nuestro estado de felicidad. Ese estado al que volveremos después de una alegría inmensa o una tragedia desgraciada.

Hay estudios que verifican que lo que genera mayor sensación de bienestar y felicidad son hábitos de su día a día y ciertas pequeñas cosas, en contraposición  a las grandes suertes o momentos históricos de su vida, las cuales representaros momentos puntuales de felicidad.

Os recuerdo aquí un par de capítulos en los que hablamos de rutinas, hábitos y objetivos:

Conclusión

 

Considero que sí es cierto que la sociedad tiene una tendencia muy marcada a buscar la felicidad fuera de sí, y eso nos lleva a querer siempre más y más.

También creo que esto es algo muy humano y que es tarea de los que sabemos este tipo de cosas, la de ser capaces de orientar a las nuevas generaciones.

La adaptación hedónica es algo a lo que solamente veo ventajas, pues soy una persona que valora el equilibrio, la calma, y el punto medio -quizá porque es algo que me cuesta mucho conseguir-.

Lidiar con nuestras expectativas, conocernos a nosotros mismos, tener objetivos de crecimiento personal, conocer cómo funciona el mundo y cómo emplear las herramientas actuales de comunicación e interacción… Todo esto me parece fundamental en la nueva era.

Pero sobre todo, tener un espacio para reflexionar y crearnos nuestra opinión propia sobre artículos como este, u otros.

Notas:

 

Definición de adaptación hedónica, referencia: https://jorgedelosreyes.com/la-adaptacion-hedonista-el-curioso-mecanismo-que-determina-tu-felicidad/

The hedocnic treadmill: https://positivepsychology.com/hedonic-treadmill/

Adaptación hedónica: https://www.psychologytoday.com/es/fundamentos/adaptacion-hedonica

El bienestar eudaimónico: https://www.aacademica.org/000-052/667.pdf?view

Bienestar hedónico: file:///Users/anaballenilla/Downloads/ejihpe-06-00167.pdf

Foto destacada: Dawin Rizzo on Unsplash

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