«La naranja mecánica» (Kubrick, 1971) es una de esas películas que no se olvidan fácilmente. Y no solo por la estética o por lo incómoda que resulta por momentos, sino porque plantea una pregunta bastante seria: ¿qué pasa cuando intentas cambiar a una persona a la fuerza?
En este post no voy a analizar toda la película, sino una escena muy concreta: el tratamiento Ludovico. Ese momento en el que Alex, el protagonista, es sometido a un procedimiento experimental para dejar de ser violento.
Avanza hasta el segundo 00:00:29 para ver la escena que vamos a analizar.
Lo interesante de esta escena es que, más allá de lo cinematográfico, sirve para entender bastante bien cómo funciona el condicionamiento clásico. O dicho de forma más sencilla: cómo el cuerpo puede aprender a reaccionar con rechazo ante algo que antes no le provocaba eso, simplemente por asociación repetida.
La estética de esta película se ha convertido en todo un icono. La película fue polémica en muchos países, y hasta se llegó a censurar en algunos. El mismo director llegó a pedir que la eliminaran de las taquillas.
¿Qué elementos de condicionamiento aparecen en la escena?
Aquí está la clave de todo. Lo que vemos en el tratamiento Ludovico no es a Alex reflexionando, arrepintiéndose o teniendo una revelación moral. No hay un “he comprendido que lo que hago está mal”. Lo que hay es otra cosa: una asociación forzada entre la violencia y el malestar físico.
Durante el tratamiento, Alex tiene que mirar imágenes de agresión, sufrimiento y brutalidad mientras le administran una sustancia que le provoca náuseas, angustia y una sensación física muy desagradable. Y ahí es donde entra el condicionamiento clásico.
Fotogramas de la película «La Naranja Mecánica», en la que se muestra al protagonista durante el condicionamiento.
La lógica sería más o menos esta:
La sustancia que le provoca el malestar actúa como estímulo incondicionado.
Las náuseas y la repulsión que siente serían la respuesta incondicionada.
Las imágenes violentas, que al principio no le generaban rechazo, pasan a funcionar como estímulo condicionado.
Y el rechazo físico y emocional que acaba sintiendo ante esas imágenes sería la respuesta condicionada.
Es decir, su cuerpo aprende a unir una cosa con la otra. Y esa es la base del asunto.
Esto encaja bastante bien con lo que se estudia en psicología del aprendizaje cuando se explica que ciertas respuestas automáticas pueden adquirirse por asociación repetida entre estímulos.
También conecta con la línea de Watson y Rayner sobre cómo algunas respuestas emocionales, como el miedo o el rechazo, pueden aprenderse y no son simplemente “naturales” o espontáneas.
De hecho, la investigación más reciente sigue utilizando este tipo de paradigmas para estudiar cómo un estímulo inicialmente neutro puede acabar generando una respuesta defensiva o aversiva después de asociarse con algo desagradable (Beckers et al., 2023).
Y además, una vez que eso ocurre, ese estímulo puede quedar teñido de una especie de carga emocional negativa. Ya no se vive igual. Ya no es neutro. Ya no es inocente. Pasa a sentirse como algo desagradable o amenazante (Hyde et al., 2024).
Y aquí hay otro detalle muy interesante: no solo la violencia queda asociada al malestar. También la música de Beethoven, que para Alex era fuente de placer, acaba contaminada por esa experiencia.
Eso sugiere que el condicionamiento no siempre afecta solo al “objetivo principal”, sino también a otros estímulos que estaban presentes en el mismo contexto.
Fotogramas de la película «La Naranja Mecánica», en la que se muestra al protagonista antes de haberle realizado el condicionamiento.
¿Qué se busca con ese condicionamiento dentro de la película?
Básicamente, se busca que Alex deje de ser violento.
Pero ojo, no porque se haya vuelto mejor persona. No porque haya desarrollado empatía. No porque haya entendido nada profundamente. Lo que se pretende es algo mucho más mecánico: que su organismo reaccione con tanto malestar ante la violencia que ya no pueda sostener esa conducta.
Es decir, el objetivo no es una transformación moral. Es una inhibición conductual.
La película plantea esto de una manera bastante inquietante, porque en el fondo lo que está diciendo es: “No vamos a hacer que el chico comprenda. Vamos a hacer que no pueda”. Y eso cambia bastante la lectura del asunto.
Sí, se busca moldear su comportamiento, pero no desde la conciencia ni desde la responsabilidad, sino desde una respuesta aprendida. Alex deja de poder acercarse a la violencia sin pagar un precio físico enorme. Su cuerpo se convierte en una especie de barrera.
El resultado esperado es claro: convertirlo en alguien socialmente inofensivo. Alguien que no agreda. Alguien que no haga daño.
El problema es que la película deja ver enseguida que eso no equivale a estar rehabilitado.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante. Porque Alex cambia, sí. Hay un cambio observable. Antes del tratamiento busca la violencia, la disfruta, se crece ahí. Después del tratamiento, la mera posibilidad de responder agresivamente lo descompone. Incluso estímulos relacionados con ese procedimiento le generan rechazo.
Así que sí, hay cambios en su comportamiento a lo largo del tiempo. Eso es evidente.
Pero también queda claro que el condicionamiento tiene un coste enorme. Alex pasa de ser agresor a convertirse en alguien totalmente vulnerable. Ya no solo no puede dañar; tampoco puede defenderse. Y eso cambia por completo su papel en la historia.
La película deja de ir solo sobre un joven brutal y empieza a ir también sobre una sociedad dispuesta a anular la libertad individual en nombre del orden.
Por eso esta escena no habla solo de aprendizaje. Habla también de poder, de control y de los límites éticos de intervenir en la conducta humana.
Fotogramas de la película «La Naranja Mecánica», en la que se muestra al protagonista después de haberle realizado el condicionamiento, y siendo atacado por dos policías que buscaban venganza.
¿Qué programa de reforzamiento o qué técnicas se utilizan?
Aquí conviene hacer una precisión importante: en esta escena no vemos un programa de reforzamiento en sentido estricto, como ocurriría en un caso típico de condicionamiento operante.
No hay premios. No hay recompensas. No hay una pauta clara de consecuencias para aumentar o reducir conductas voluntarias. Alex no recibe algo agradable por comportarse “bien”, ni pierde algo valioso por comportarse “mal”. No estamos ante ese tipo de aprendizaje.
Lo que aparece aquí encaja mucho mejor con una técnica de condicionamiento clásico, no operante. Y esto es importante decirlo, porque si no, mezclamos conceptos y el análisis se vuelve menos preciso.
La técnica principal es una asociación aversiva repetida. Una y otra vez, violencia más malestar. Violencia más náusea. Violencia más sufrimiento físico. Hasta que el cuerpo hace el resto.
Por tanto, si tuviéramos que explicarlo de forma sencilla, diríamos que el “programa” que aparece en la película no es un programa de reforzamiento, sino una repetición sistemática de emparejamientos entre estímulos. Esa repetición es precisamente lo que permite que se consolide el aprendizaje.
Además, hay otra técnica o fenómeno que se ve bastante bien: la generalización del condicionamiento. Lo que se intenta asociar al malestar es la violencia, sí, pero no solo queda afectada la violencia. También Beethoven. También ciertos elementos del contexto. También partes de la experiencia que en teoría no eran el objetivo principal.
Y eso tiene bastante sentido desde la psicología del aprendizaje, porque una vez que el organismo ha aprendido a vincular una experiencia con malestar, no siempre hace una selección tan limpia y elegante como nos gustaría. A veces extiende esa huella a otros estímulos que estaban allí.
Por eso, más que hablar aquí de reforzamiento, lo correcto sería decir que la película muestra una técnica de condicionamiento clásico aversivo, basada en la asociación repetida entre imágenes violentas y una respuesta física intensa de rechazo.
¿Esto pasa también en la vida real?
Sí. Y bastante más de lo que parece.
La película lleva el mecanismo al extremo, pero la lógica que hay detrás no es ciencia ficción. En la vida real también aprendemos asociaciones de este tipo. A veces sin darnos ni cuenta.
Un ejemplo muy típico es el de alguien que ha tenido una mala experiencia con un perro y, a partir de ahí, empieza a sentir miedo ante otros perros, incluso aunque no sean peligrosos. El animal deja de ser algo neutro y pasa a activar una respuesta de alerta o rechazo. Ahí hay aprendizaje por asociación, no solo “manía” o “exageración”.
Otro ejemplo muy cotidiano es la aversión alimentaria. Comes algo, te pones malísima después y, aunque no tengas claro si fue por eso o no, ya no puedes ni olerlo. El cuerpo ha hecho la asociación y ha decidido por ti.
También pasa en contextos médicos. Hay personas que desarrollan malestar solo con entrar en una consulta, oler un hospital o anticipar una prueba concreta, porque su organismo ya ha vinculado ese entorno con dolor, miedo o experiencias desagradables previas. Ese tipo de respuestas aprendidas encajan bastante bien con los modelos actuales de condicionamiento de amenaza y con lo que se investiga en torno a la ansiedad y la exposición terapéutica (Hyde et al., 2024).
De hecho, aquí hay un giro interesante: mientras que en «La naranja mecánica» se crea una asociación aversiva para inhibir una conducta, en psicología clínica muchas veces se intenta justo lo contrario. Es decir, ayudar a la persona a deshacer asociaciones de miedo o rechazo que se le han quedado grabadas y que ya no le sirven para nada.
Y eso tampoco es tan simple como borrar un archivo. La investigación reciente señala que estos aprendizajes pueden mantenerse latentes o reaparecer en ciertos contextos, lo que ayuda a entender por qué algunas personas siguen reaccionando con miedo o rechazo incluso cuando racionalmente saben que ya no hay peligro real (Wang et al., 2024).
En resumen: sí, lo que vemos en «La naranja mecánica» tiene eco en la vida real. No de forma tan teatral, claro. Pero el mecanismo básico está ahí: el cuerpo aprende, asocia y, a veces, se adelanta a nosotros.
Fotogramas de la película «La Naranja Mecánica», en la que se muestra al protagonista después de haberle realizado el condicionamiento.
La escena del tratamiento Ludovico es impactante porque muestra una forma extrema de intervención sobre la conducta, pero también porque nos recuerda algo bastante incómodo: no todo lo que aprendemos pasa por la reflexión, la voluntad o la conciencia.
A veces aprendemos con el cuerpo.
Y cuando eso ocurre, un estímulo que antes era neutro, agradable o incluso excitante puede convertirse en algo que rechazamos casi de forma automática.
Por eso «La naranja mecánica» sigue siendo una película tan interesante para pensar la psicología del aprendizaje. No porque dé una lección clínica perfecta, sino porque dramatiza muy bien una idea que sigue siendo válida: que las asociaciones que construimos pueden cambiar profundamente nuestra manera de reaccionar ante el mundo.
Bibliografía
Beckers, T., Hermans, D., Lange, I., Luyten, L., Scheveneels, S., & Vervliet, B. (2023). Understanding clinical fear and anxiety through the lens of human fear conditioning. Nature Reviews Psychology, 2(4), 233–245. https://doi.org/10.1038/s44159-023-00156-1
Hyde, J., Farrell, L. J., & Waters, A. M. (2024). Extinction of negative conditioned stimulus valence in human fear conditioning. Behaviour Research and Therapy, 174, Article 104477. https://doi.org/10.1016/j.brat.2024.104477
Kubrick, S. (Director). (1971). A Clockwork Orange [Film]. Warner Bros.
Universidad Internacional de La Rioja. (s. f.). Aprendizaje humano y pensamiento: Temario
Wang, Y., Olsson, S., Lipp, O. V., & Ney, L. J. (2024). Renewal in human fear conditioning: A systematic review and meta-analysis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 159, Article 105606. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2024.105606
Material de apoyo
Análisis de la escena de condicionamiento clásico en el film “La naranja mecánica”. Parte I. (2020, 20 de abril). https://www.youtube.com/watch?v=k4ml5guiQSc
El conductismo y el tratamiento Ludovico en La naranja mecánica. (2023, 4 de febrero). https://www.youtube.com/watch?v=0AHfdtvvy_A
Masterclass 1. Review conductismo: La naranja mecánica. (2020, 25 de mayo). https://www.youtube.com/watch?v=SN8e0vKPmvU
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Anita Balle
Autora de este Blog
La parte cotilla de todo esto
Publicista y creativa de profesión, psicóloga de vocación y actualmente ejerciendo también como terapeuta. Madre de familia y pareja de ingeniero. Actualmente viviendo en Hamburgo.



